Fernando Menis
Iglesia del Santísimo Redentor
Hay espacios que desafían las primeras impresiones. La Iglesia del Santísimo Redentor, de Fernando Menis, es uno de ellos.
Está en Las Chumberas, un barrio de La Laguna, en Tenerife. Desde fuera, cuatro volúmenes de hormigón emergen del terreno como si siempre hubieran estado ahí, moldeados por la misma geología volcánica de la isla. La textura del material, marcada por la huella del encofrado, tiene algo de honesto. No intenta disimular cómo está hecho.
La luz como decisión de proyecto
En el interior, todo cambia. La luz entra de forma controlada y fragmentada, como si el edificio decidiera cuándo iluminar y cuándo no. Cambia a lo largo del día y transforma el hormigón en algo distinto cada hora. La escala es grande pero no aplasta. El silencio ayuda a mirar.
El jurado del World Architecture Festival destacó precisamente eso: la intensidad de la arquitectura y el modo en que se utiliza la luz para moldear la calidad de los espacios interiores, realzando la cualidad táctil de las superficies.
Mejor Edificio del Mundo · WAF 2025
En noviembre de 2025, la iglesia fue galardonada con el Premio al Mejor Edificio del Mundo en el Festival Mundial de Arquitectura, celebrado en Miami. También recibió el Premio Especial al Mejor Edificio Pequeño y el Premio al Mejor Edificio Público, convirtiéndose en la obra más reconocida de la edición. Forma parte además de la colección permanente del MoMA de Nueva York.
Fotografiar este espacio requirió un ritmo diferente. No se puede forzar nada porque el edificio tiene sus propios tiempos. Luz natural, atención a las proporciones y esperar. Dejar que la arquitectura se explicara sola.
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Y yo ahí, con mi Fuji.
Entrando en el edificio, la percepción cambia por completo. La luz se filtra a través de vanos estrechos, definiendo el espacio sin necesidad de florituras ni adornos. No hay ornamentos superfluos, solo una secuencia de planos, cotas y volúmenes que generan un juego de luces y sombras en constante transformación. Lo que podría parecer frío desde fuera, dentro se convierte en un refugio, un lugar que acoge en su sobriedad. La escala del espacio, la densidad del aire, la absorción acústica lograda con piedra volcánica… Todo contribuye a una atmósfera de recogimiento.
Mi intención con esta serie fotográfica ha sido capturar esa paradoja: la dureza del hormigón que, al ser atravesada por la luz, se humaniza. La arquitectura de Menis no solo se contempla, es algo más.



